storytelling marca personal

Hasta el más gris de los mundos,
tiene color en los ojos de una niña.

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Esta es la historia de una niña que acompañaba a un padre en sus momentos más bajos y en los más altos. Que no solo estaba con él para jugar, cuando todo era bonito y los almendros estaban en flor, también en el duro invierno de la desolación. storytelling marca

Pues, este es un relato feliz pero también realista. El de una niña, que aunque era la mayor de cuatro hermanos, era muy pequeña. Quizás demasiado para entender los intrincados laberintos en los que podían quedar atrapados los adultos.

El laberinto de los adultos storytelling marca

Porque esta niña estaba enamorada. Enamorada de aquel hombre que la miraba con ojos soñadores. De las sonrisas que le regalaba cuando “se portaba bien”.

Sentía la felicidad de esa unión vital, instintiva única e irrepetible que sienten todos los niños por sus padres. storytelling marca

Tenía tanto amor dentro, que, a veces, ni era consciente de los peligros en los que se adentraba acompañando las horas más grises de aquel hombre.

Imposible entender para una niña tan pequeña aquel círculo vicioso que destrozaba a su padre guiándolo por una fuerza oscura, demasiado atractiva como para vencerla. Era la fuerza destructiva del ego, pero entonces ella no lo sabía.

Por mucho que lo intentaba, la pequeña no comprendía todavía. Demasiado complejo era para ella el cambio repentino que se producía en la mirada de los ojos chocolate de su progetinor. Un súbito alejamiento de ella y de todo lo bueno de este mundo en pro de un aullido lobuno ancestral. Cuando cambiaba de golpe su faz e iba detrás de la tentación. Seguía aquella evasión rápida y fugaz. Buscando solo sentirse superficialmente satisfecho, alejado de su verdad doliente. storytelling marca

Más adelante pudo comprobar el significado de todo aquello e incluso comprendió por qué muchas personas se adentran huyendo del resultado vacuo de su propia búsqueda existencial. De sus frustraciones y sus miedos.

Pero sí lograba sentir en sus carnes, por unos instantes, el dolor de su padre. Por eso ella se afanaba, a su manera, en mitigarlo.

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El lenguaje del amor

Porque el lenguaje de aquella niña era el del juego, el de las risas, el de las caricias y los besos. Por eso, mirándolo, en aquel bar, solo pensaba en por qué de pronto, dejó de hablar ese lenguaje sustituyéndolo por el de la tristeza, la depresión y el enfado.

Entonces la pequeña, se preguntaba una y otra vez las razones que lo llevaban a invertir en aquellos lugares tan siniestros. Lugares con luces de colores chispeantes, como las de las ferias y los parques de atracciones.  Sitios llenos de neón y máquinas tintineantes que parecían refulgir seduciéndote transportándote a un mundo lleno de ilusiones tan ficticias como absurdas. storytelling marca

– No debería haberte traído, este no es sitio para una niña. Anda termínate el trina y nos vamos – Le decía el padre a la pequeña, mientras sujetaba el baso largo negro de combinado de ron con Cola.

Ella lo miraba sin decir nada, eran sus pupilas las que hablaban contestándole que solo quería estar con él. Era aquel un deseo en el que no había sitio para la dimensión espacio-tiempo. Porque hay un instante de paz en la unión de padre e hija en el que no hacen falta las palabras.

Así que la niña de parbulario giraba su cabeza otra vez, mirando al camarero en aquella barra de bar y se apresuraba bebiendo a sorbos ininterrumpidos su Trinaranjus. Muy rápido succionaba la pajita, mirando insistentemente a su padre, con la esperanza de que decidiese irse pronto de allí. Pero no.

Sin embargo, cuando el padre entraba en su estado adormecido e hipnotizante le contaba cosas a su hija. Eran momentos oníricos, en los que su ego más extraño emergía despersonalizándose del rol de padre. De esta forma, se desfogaba, extrayendo de su interior con rabia muchas cosas de su pasado. Situaciones conflictivas, cosas de dinero, grandes deudas, demonios vestidos de familia… Cosas no resueltas de su origen que a la niña le sonaban muy lejanas pero que para su padre eran como si las hubiese vivido hacía un instante. storytelling marca

Mientras tanto, la pequeña se imaginaba esas historias como cuentos en los que la aventura estaba muy presente. Por eso le contestaba en un puro contraste de universos, con pequeños fragmentos de su mundo mágico. Allí estaban los caballos blancos de la melena al viento de su abuelo o el brillo suave de arena fina de los castillos que construían juntos en las playas del sur.

La fortaleza infantil

Por consiguietne, era como si aquella niña tuviese dentro una suerte de fortaleza en forma de instinto infantil que se la preservaba del mundo gris temporal en el que estaba sometido el padre.

Quizás, expresado con palabras sueltas, inconexas, en frases no acabadas, aparentemente incoherentes. Pero que, pronunciadas en tiempos verbales eternos, creaban unos paraísos imaginarios que eran un bálsamo para él.

Al sentir todo aquel mundo tan pequeñito pero tan grande de su niña, el padre cambiaba el rictus, volviéndose otra vez amoroso. Entonces la acariciaba la cara y sonreía de todo corazón. Despertaba de su letargo fantasmagórico y le decía, ¡Si eres una niña! ¡Cómo vas a saber!

El padre recordaba su sol y se alegraba de tener una hija a su lado, pues aquella era una pequeña luz que daba sentido a su vivir.

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– Papáa, ¿cuándo nos vamos? –

La niña empezaba a estar aburrida y así se lo hacía saber. Él podía pedir otra copa o decirle a su hija que sí, que se iban a casa. Quizás se quedaban en el coche, esperando a que se le pasara el efecto de  las consumiciones.

Aunque, lo cierto era que si ella iba con él, aquel padre nunca se iba muy lejos de casa. Además aquella niña quería acompañarle en sus oscuras excursiones en las que le contaba las razones de su vacío.

VER LA OSCURIDAD TAN PRONTO TE TRANSFORMA EN UNA PERSONA DE COLORES

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La niña no entendía todo, no conocía la dimensión de aquellas historias de su padre, pero eso daba igual. Lo importante es que ella estaba allí, escuchándolo. Con su presencia conseguía que su padre tuviese remordimientos, fuese consciente, de alguna forma de lo inútil de aquella evasión.

A través de su hija, aquel padre, sentía que aquello no estaba bien para él ni para nadie. Pues eran accioens destructivas contra sí mismo y al mismo tiempo contra los que más quería. De alguna forma, aquella niña tan pequeñita, aunque solo fuera por unos instantes, sembraba en él la semilla de la renovación.

Por eso ella era una niña feliz, a pesar de haber sentido la oscuridad a una edad tan temprana. Porque, lograba hacerlo volver a la vida. Traerlo a la alegría de nuevo. Conseguía colorearle la vida con los lápices de colores del amor.

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