La Metamodernidad

Vivir en el tiovivo

Metamodernidad

Conocerse bien es clave hoy. No solo para ser cada día un poco más feliz con uno mismo sino sobre todo, (y aquí está el meollo del asunto), para serlo con los demás.

El por qué uno (y el otro) siente lo que siente,  piensa y/o actúa así o asá. Son incógnitas a resolver en la búsqueda espiritual del ser humano de hoy.

Pues, la indagación trascendental interior se impone hoy más que una necesidad, una obligación acuciante. El paso previo para conseguir el nirvana (perdonad por esta salida tan new age).

Porque, aunque nos creamos libres, no lo somos. Es eso, «una creencia», pues en realidad, cada uno ejercemos nuestro albedrío en mayor o menor grado allá donde y cuando podemos.

Estoy totalmente convencida de que el mundo en su totalidad se impone ante nosotros de «facto», aunque podamos readaptar partes del mismo si no nos gustan.

De ahí que,  las condiciones sociales, políticas, económicas y el curso de la historia de la humanidad; ya sea en clave de lectura hacia el pasado o en poetización del futuro; nos condiciona, nos influyen y afectan siempre.

De la modernidad a la metamodernidad

Diría que estamos en un momento de oscilación, en el que un día estamos hartos de la brutalidad del mundo y otro día nos llenamos de idealismo pensando que los cambios son posibles.

Superadas varias fases de la historia humana, nos encontramos ahora en un punto que algunos filósofos  definen como metamoderno.

Justo cuando parece que habíamos asumido que estábamos en la era posmoderna aparece otro «palabro», que sorprendentemente define todavía mejor el sentir de una parte de la población con la que me identifico totalmente. Hablo de aquellos quienes hemos optado por vivir de una forma diferente, fuera de las estructuras de trabajo tradicionales que tanto marcan el devenir humano actual.

El Metamodernismo, es una nueva filosofía de vida cuya base teórica justa acaba de gestarse. Está en plena construcción a partir de pensadores como Freinacht, Vermeulen y Van den Akke, quienes consideran que es el principio de una corriente importante del futuro.

Se trata de una filosofía y una visión de la vida que emerge con el apogeo de la era digital, postindustrial y global. Se diferencia bastante, aunque bebe de las fuentes, del pensamiento moderno y posmoderno.

Pero… ¿Qué es lo que hace que la metamodernidad sea tan saludable para nuestra vida diaria? Y ¿En qué se diferencia de la modernidad y la posmodernidad?

Empecemos por hacer un pequeño repaso al pensamiento general que ha caracterizado estas últimas décadas de la era postindustrial.

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La cosmovisión moderna

La modernidad sigue siendo la narrativa mayoritaria. Se trata de una manera de ver el mundo que ha irrumpido junto con el nacimiento de la tecnología. Los diversos pensadores contemporáneos la definen como mecanicista, reduccionista y muy racionalista.

La modernidad se ha impuesto como la corriente mayoritaria de pensamiento en la vida de las sociedades industriales y desarrolladas justificando el progreso. Pues, su premisa es que la Ciencia es la base de la realidad y que junto con la racionalidad, ambas liberan a las personas. En términos políticos se apoya en la democracia, el capitalismo, el socialismo y los derechos humanos.

La crítica de la posmodernidad

Una vez experimentado en carne propia todo este marco de creencias modernas, se dan multiplicidad de fallos, lo que ha generado un conjunto de retractores a la modernidad. Lo que llamamos posmodernidad. Y que hoy en día está en su máximo esplendor.

Es este un gran campo de pensamiento crítico que se ha gestado desde las ciencias sociales y las humanidades durante el siglo pasado y que se ha apoderado de las universidades y los movimientos sociales actuales.

La posmodernidad representa un juicio a la modernidad a partir del conocimiento y la ciencia. Los posmodernos sostienen que las estructuras de poder, los impulsos inconscientes el ser humano así como las construcciones sociales y de conocimiento son arbitrarias y condicionan violentamente a las mentes humanas. Es decir, el ser humano se encuentra totalmente controlado por fuerzas que escapan a sus capacidades de decisión.

Según este pensamiento, la historia de la ciencia y el progreso no son necesariamente ciertos. Sobre todo si se ve desde la perspectiva de los oprimidos y débiles, el progreso equivale a más explotación y una opresión más sistematizada.

La mente posmoderna surge a raíz de las desigualdades económicas fomentadas también por el poder de creación de conocimiento de las Redes Sociales.

La metamodernidad, la luz al final del túnel

La filosofía metamoderna entra en escena una vez que Internet y las redes sociales son ya los factores dominantes en la vida de las personas. Es cuando muchos de nosotros ya no participamos directamente en la producción y distribución de bienes industriales masivos.

El prefijo «meta-» no se refiere a un estado reflexivo o un rumiante, sino que proviene del término acuñado por Platón metaxy, el cual simboliza un movimiento entre polos opuestos así como más allá de ellos.

Vermeulen y Van den Akker describen metamodernismo como una «estructura del sentir» que oscila entre modernismo y posmodernismo. Como «un péndulo que balancea entre innumerables polos».

Yo añadiría que ese vaivén es de 360º y se produce en el marco de un giro general más pausado de la sociedad. Para mí se identifica más con la imagen de «tiovivo». Solo faltaría que este tiovivo tuviera ruedas, pero eso ya nos lo imaginamos :).

Efectivamente, es una forma de sentir que combina la fe en el progreso, propia de la visión moderna, junto con la crítica posmoderna a los fallos y desigualdades que ha dado como resultado.

Entonces, en la visión de la realidad metamoderna, el ser humano se encuentran en un viaje oscilante hacia una mayor complejidad existencial cuyo objetivo es la mejora en todos los aspectos de la vida.

Con esta manera de ver el mundo se identifican comunidades como los hipsters, los hippies y los hackers, «las 3 h» de Freinacht. Pues encaja a la perfección con esas maneras de entender lo que nos rodea que se desmarca de la generalidad.

Las preguntas clave

Lo que encuentro fascinante es que en este contexto surgen una serie de preguntas existenciales cuyo objetivo es la mejora de las condiciones humanas y sociales en general, pero fuera de utopía. Más bien se trata de esperanzadores apuntes hacia soluciones reales que podrían plantearse a largo plazo.

¿Cómo podemos ser «mejores nosotros»?

¿Podemos crear mejores procesos para el desarrollo personal?

¿Podemos recrear los procesos por los cuales se gobierna la sociedad, local y globalmente?

¿Pueden las dimensiones internas de la vida ganar un papel más central en la sociedad?

¿Cómo pueden las personas modernas, posmodernas y pre modernas convivir productivamente?

¿Cómo se puede ajustar la política a un mundo cada vez más complejo?

¿Cuál es el papel único de la humanidad en los ecosistemas de la naturaleza

Desde luego, la metamodernidad si algo tiene es cierta positividad, alejándose de las visiones nihilistas posmodernas. Creo que aporta un respiro en esta sociedad neoliberal, gracias al planteamiento de preguntas serias y reales, aunque puedan ser consideradas como naif. Esta corriente de pensamiento es una pequeña ventanita de aire fresco en la era de la pos verdad.

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