Ética publicitaria

Ética publicitaria

Traficantes de emociones

Ética publicitaria.

Se habla poco de la ética publicitaria, bueno y de la ética en general, porque hoy nos creemos invencibles con nuestras demostraciones de libertad. Hubo un momento en la historia en que ganamos la guerra a las normas. Está muy bien. Yo no me quejo. A mí tampoco me gustan.

Sin embargo, viendo el panorama actual publicitario de masas, a veces pienso si no tendría que haber más decoro. Sí, ya sé que esta palabra suena carrinclona y demodé. Pero es que opino que es bueno pasarse a los clásicos y rescatar ideas que pueden servir para mejorar un poco el decadente mundo de hoy.

Es cuando veo la televisión de masas, llena de anuncios que abusan de nuestras emociones, cuando me reafirmo en mis creencias sobre qué es la libertad y sobre su uso.

Recuerdo afirmaciones como la de Jean Paul Sartre que decía: «al querer la libertad, descubrimos que ella depende enteramente de la libertad de los demás»

La manipulación no es más que un intento de reducir nuestro libre albedrío. Una suerte de coacción emocional para que hagamos lo que unos pocos quieren que hagamos.

Entonces, consumimos para dar descanso a una alma que ya se han encargado de atormentar con imágenes hiperemocionales atacando a nuestro subconsciente sin que nos demos cuenta.

¿Qué quieren de nosotros en Navidad?

La mayoría de las grandes marcas quieren que llores… O lo que es lo mismo, que estés todo el día con el ojo mojado.

Sin entrar en sí es divertido o no. Porque quizás lo es, en parte. Eso de vivir emociones impostadas, que a alguien se le ocurre meterte en la cabeza a base de tiernos papa noeles, caritas de dulces niños o abuelitos.

No digo que no sea guay. Tampoco manifiesto que todas las marcas utilicen estas técnicas, pero muchos de esos anuncios que nos pasan en batería una y  hasta mil veces huelen mucho a  pura y descarada manipulación emocional.

Entendedme, a mí me encantan los cuentos, sin embargo, no los chinos. Es decir, creo que se puede emocionar con una historia, si esa historia lleva implícita un mensaje verdadero.

Contar algo con arte, magia y belleza es algo esencial para los creativos, sin embargo, debe hacerse con la máxima ética. No todo vale.

Emocionar atacando a la lágrima fácil con ideas demagógicas sin aportar valor, es manipulación.

La ciencia de la manipulación

Así, la falta de ética y moral no termina ahí. Se ha inventado hasta una ciencia llamada neuromarketing. Que podríamos llamarla perfectamente «Ciencia de la manipulación emocional».

Mediante el neuromarketing, los expertos se dedican a estudiar los pensamientos, las reacciones y las emociones de lo que ellos llaman consumidores. Porque, tengamos claro, en general, para las grandes multinacionales no somos personas, somos consumidores.

Por mi parte también caí en eso de llamar al público consumidor, pero hace tiempo que lo desterré de mi vocabulario.

Me dirijo a personas, como yo, y les hablo como me hablo a mí. Sin embargo, en la publicidad de masas existe un sentido del yo superior a los otros, «consumidores». En el que el yo superior, o sea la marca, dicta los comportamientos. Es la dictadura de la emoción.

Un momento, ¿Hasta qué punto esto es ético?

De modo que, nosotros nos analizamos a nosotros mismos para conocer cuáles nuestro punto débil para sí meter la cucharada. Creo que nos estamos pasando.

ética publicitaria en navidad

Una nueva publicidad más ética

Creo que llegados a este punto del neoliberalismo posmoderno en el que todo vale, hay que hacer un alto en el camino. Pues verdaderamente se están perdiendo las bases del respeto hacia la libertad de los demás en pro del consumo disfrazado en crecimiento económico.

¿Qué es crecimiento económico? ¿Quién dice que tengamos que crecer y crecer in enternum a base del consumo? ¿Qué es crecimiento al fin? ¿Si no un crecimiento interior, humano, de la persona, de sus libertades de pensamiento?

Otra forma de publicidad es posible. Quizás ya no se llamará ni publicidad. Transmitir historias emocionando, inspirando o invitando a la reflexión sobre problemas de hoy, es una nueva manera de involucrar a las marcas en el verdadero crecimiento ético y útil.

¡Qué mejor manera de invertir el dinero! Y el talento, que en espacios televisivos que sirvan para algo.

Me vienen a la cabeza, cada vez más ejemplos. Como la última campaña de Campofrío «fake me», ¿ves como una gran marca puede darle la vuelta a todo esto?

Es posible crear un anuncio (o una historia), atractivo, seductor, emocional con un fin plausible.

Por suerte, cada vez hay más ejemplos. Porque somos cada día más conscientes de todo este tinglado que nos hace cada día más esclavos, sobre todo en Navidad.